Con el alto el fuego más nominal que respetado y en una suerte de estancamiento, cientos de miles de palestinos siguen viviendo en tiendas de campaña y haciendo cola para obtener agua potable
Yahya Sarraj describe con una palabra (“espera”) la sensación prevalente entre la población de Gaza ahora que otra guerra en Oriente Próximo concentra la atención y su único horizonte parece un alto el fuego inmóvil y más nominal que respetado. “Es”, dice, “una espera sin claridad, sin plazos, sin certeza”, en la que la vida ha mejorado para más de dos millones de personas...
, pero sigue marcada por el sufrimiento y constreñida al 48% de la minúscula Franja que gobierna Hamás. El resto lo ocupa el ejército de Israel, que sigue lanzando bombardeos (puntuales, pero diarios) y mantiene la urgente reconstrucción casi en punto muerto.
En los dos años transcurridos entre la brutal ofensiva israelí, a raíz del ataque de Hamás, y el alto el fuego de octubre de 2025, las conversaciones con los gazatíes solían incluir frases como “cuando esto termine”. Hoy su vida parece congelada en una realidad menos peligrosa, pero similar. Cientos de miles siguen viviendo en tiendas de campañas, dañadas e inundadas de nuevo estos días por el frío y las lluvias de primavera, y haciendo horas de cola para obtener agua potable.






