El sufrimiento se ha instalado en la población palestina, que se debate entre afrontar la muerte y el hambre en la Franja o intentar escapar sin refugio posible
Este sábado, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, veía “muy cerca” un acuerdo que ponga fin a los casi dos años de horror en Gaza —se cumplen el próximo martes—, Ali Musa al Dibs cuidaba en la asediada capital de la Franja de su hijo adolescente Musab, en coma desde mayo, cuando un ataque israelí lo hirió de gravedad en la cabeza. Musab tiene necrosis y está enormemente desnutrido, cuenta su padre. En las fotos aparece esquelético y ha perdido mucho pelo, uno de los síntomas de la inanición.
“Hasta el 7 de octubre [de 2023] teníamos una vida más o menos feliz. Ese día, eso se cortó. Hemos tenido que cambiar de sitio 15 veces. Es siempre buscar un lugar adecuado y cómo transportar las cosas, que es muy caro. Así, una y otra vez”, explica Al Dibs a través de mensajes de audio. Es la primera mañana en meses con pocos bombardeos. El viernes, Hamás respondió positivamente, aunque con reservas, al plan de paz de Trump, que a continuación exhortó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a frenar los ataques.






