Después de dos años de horror, la prioridad absoluta es asegurar y consolidar la oportunidad de que cese la violencia
Mientras el Gobierno de Benjamín Netanyahu aseguraba que está dispuesto a aceptar el cese inmediato de las operaciones militares, como ha pactado con Donald Trump, el ejército de Israel mató este sábado al menos a 20 palestinos más. Esa es la realidad sobre el terreno cada día y cada hora que se prolonga la matanza indiscriminada de inocentes que Israel está ejecutando en Gaza. Resulta importante tener esto en cuenta cuando se juzga la propuesta de paz impuesta por el presidente de Estados Unidos el pasado lunes y aceptada por Hamás el viernes. Para los gazatíes no existen las consideraciones geopolíticas, legales o ideológicas. Tras dos años de horror, impunidad e impotencia, las opciones han quedado reducidas a una sola: vivir o morir. En estas horas cruciales, hacer que cesen los bombardeos es una prioridad absoluta. Agarrarse a una oportunidad para salvar vidas es una obligación moral. No mañana, hoy.
A dos días del segundo aniversario de la guerra en Gaza no es exagerado decir que el mundo se encuentra ante una de las mayores tragedias humanas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un arrogante atropello del derecho internacional por parte del Gobierno israelí, ejecutor de crímenes de guerra sistemáticos. El 7 de octubre de 2023, un salvaje ataque contra Israel de la organización islamista Hamás, que asesinó a más de 1.200 personas y secuestró a otras 251, generó un tsunami de solidaridad hacia Israel. No tardó en virar hacia el espanto. La supuesta operación militar de represalia contra Hamás derivó en una destrucción de la vida en Gaza que incluso ha puesto en boca de Occidente el concepto de genocidio.







