Desplazamiento, muerte, hambre, miedo, impotencia. Varias familias palestinas narran cómo ha sido su vida desde el inicio de la ofensiva israelí, en los que hubieran preferido por momentos estar muertos

“No se sorprendan si las personas de Gaza les repiten que la muerte es una salvación”, asegura, sentado en la arena bajo el incesante sol de mediodía, Hamada Abu Hassan, mientras vuelve sus ojos vacíos de vida hacia las voces de sus hijos, Salama, de 18 años, y Anas, de 15, y les da instrucciones sobre cómo cavar en una duna del sur de la Franja.

Ciego tras sufrir un ataque israelí en noviembre de 2023, este médico palestino quiere preparar el terreno antes del anochecer para colocar una tienda de campaña y también excavar una letrina rudimentaria. Los chicos hacen una pausa para comprar pequeñas bolsas de agua potable a un vendedor que pasa. Están exhaustos no solo por el trabajo físico del día, sino por el peso de meses de desplazamientos, por las noches en vela debido a los bombardeos y por la huida final de Ciudad de Gaza.

“¿Es este el destino de un médico? ¿Buscar entre las dunas de arena un lugar para hacer mis necesidades, en lugar de trabajar con los pacientes?”, se pregunta Abu Hassan, con la voz quebrada y sin poder retener las lágrimas. Su hijo mayor lo abraza. “Mis hijos, para quienes preví una vida hermosa, están ahora cavando en la arena, cargando agua o recogiendo leña. Esto es el infierno en la tierra”, agrega.