La guerra en el Golfo no interrumpe solo los flujos comerciales, también la fantasía de que el capitalismo se había emancipado de sus servidumbres materiales
Nos habíamos acostumbrado a contar la economía del siglo XXI como si la geografía importara cada vez menos. La inteligencia artificial, los centros de datos, la nube, los chips: todo parecía confirmar la idea de un capitalismo cada vez más abstracto, más rápido, más emancipado de sus viejas servidumbres materiales. Ormuz viene a desmentir esa fi...
cción. Basta con que un estrecho se cierre, con que una gran instalación gasista sea golpeada, con que una ruta marítima entre en zona de amenaza, para que la supuesta autonomía del mundo digital revele su dependencia más antigua: energía, transporte, seguridad, materia.
La atención pública sigue fija en el petróleo. Es comprensible, pero insuficiente. La cuestión de fondo no es solo cuánto subirá el barril, sino qué ocurre cuando una arteria central del comercio mundial deja de ser un corredor estable y se transforma en un espacio sometido a amenaza militar, acceso selectivo e incertidumbre operativa. En ese momento no solo se encarece la energía: se encarece la previsibilidad del sistema entero. Y cuando lo que se encarece es la previsibilidad, el daño alcanza mucho más allá de las gasolineras.







