El efímero desbloqueo del estrecho de Ormuz y el enquistamiento del conflicto provocan los primeros problemas en Asia y amenazan incluso a Europa

Diego Manrique, leyenda del periodismo musical, es una figura un tanto excéntrica para arrancar una crónica económica, pero ahí va: hacia finales del siglo pasado, Manrique solía describir un grupo de innegable éxito en aquella época, Dire Straits, como la banda “más aburrida y sosa” que ha triunfado en la historia del rock. Dire Straits significa, literalmente, “situación desesperada”. Y esa es la imagen perfecta para retratar el estado del sector energético mundial: no hay nada aburrido o soso en un mercado que, tras siete semanas de ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, protagoniza uno de los shocks más acusados que se recuerdan y ha puesto patas arriba la economía mundial....

El efímero desbloqueo del estrecho de Ormuz, una lengua de agua por la que circula una quinta parte del crudo y del gas que consume el mundo entero, no ha disipado ni un ápice la incertidumbre. El jaleo va para largo. Lo primero que ocurre en una sacudida energética de gran calibre es que los precios se van hacia arriba desafiando la ley de la gravedad, como en uno de aquellos solos de guitarra de Mark Knopfler, el líder de aquel grupo: peligro de inflación y estancamiento económico a la vista. Eso ya ha sucedido. Lo siguiente es la destrucción de la demanda de energía y las amenazas de escasez de carburante, las historias de racionamiento de combustible y el consiguiente parón de la economía: eso ya está empezando a suceder en algunos lugares. Y puede llegar a Europa en un plazo de apenas unas semanas.