A pesar del verbalismo agresivo y de las bravatas de ambos contendientes, hay una alternativa rápida a esta crisis
El mundo está pendiente de Ormuz. El doble bloqueo del tráfico marítimo declarado por Irán y Estados Unidos mantiene interrumpido un 30% de los suministros de energía y un 10% del comercio, daña directamente a los opulentos emiratos petroleros y lastra la economía mundial, pero también
-naval-del-estrecho-de-ormuz-y-las-negociaciones-quedan-en-el-aire.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-04-12/trump-anuncia-su-propio-bloqueo-naval-del-estrecho-de-ormuz-y-las-negociaciones-quedan-en-el-aire.html" data-link-track-dtm="">somete a Irán a un asedio comercial que le priva de ingresos del petróleo y dificulta las importaciones de bienes de primera necesidad. Es, por tanto, un arma de doble filo, que pone a prueba la resistencia al dolor de quienes la usan y a la vez la sufren. Si no se llega pronto a un acuerdo aceptable para ambas partes, ganará quien tenga más capacidad de aguantar y, por tanto, más voluntad guerrera.
En Irán afecta a la población, sacrificada sin escrúpulos por la dictadura teocrática, mientras que en Estados Unidos es Donald Trump quien puede ver arruinada su presidencia por la inflamación de los precios del petróleo, la inflación y la amenaza de una recesión mundial, tanto mayor cuanto más se alargue el conflicto, tal como ha señalado el FMI. A pesar del verbalismo agresivo y de las bravatas de ambos contendientes, hay una alternativa rápida a esta crisis, aunque tiene el serio inconveniente de que comporta una ruptura del status quo y vulnera el derecho internacional del mar.






