Muchos ciudadanos se refugian en los autócratas y aceptan perder libertad a cambio de una ilusión de protección. Ante la crisis de la democracia, la filósofa francesa Corine Pelluchon propone “el poder de lo femenino”. No es algo reservado a las mujeres, sino un potencial humano al alcance de todos. Una política basada en la consideración, los cuidados y la madurez emocional es posible

En toda Europa y más allá, la democracia se percibe frágil. Las instituciones siguen en pie. Se celebran elecciones. Los tribunales funcionan. Sin embargo, algo más profundo se está erosionando. ...

Los ciudadanos ya no confían los unos en los otros. El debate público se ha convertido en un campo de batalla de acusaciones y humillaciones. El miedo viaja más rápido que los hechos. El resentimiento se expande a más velocidad que la esperanza. Muchos analistas explican esta crisis en términos económicos: globalización, desigualdad, precariedad laboral, transición ecológica. Otros apuntan a la decadencia institucional o la fragmentación de los medios de comunicación. Estas explicaciones no son erróneas, pero sí incompletas.

La crisis de la democracia también es psicológica. Pero las disposiciones psicológicas no surgen en el vacío. Nuestras formas de ser y nuestras emociones están moldeadas por estructuras socioeconómicas que organizan el trabajo, el reconocimiento y la pertenencia social.