El patriarcado exige a las mujeres una compostura que no pide a los hombres y las aleja del servicio público
En política, la lógica binaria que separa razón y emoción, masculino y femenino, esfera pública y esfera privada ha determinado a lo largo de la historia cómo es percibido el liderazgo político. La retórica de lo objetivo, lo racional, lo neutral, ha sido tradicionalmente el marco dominante de la legitimidad discursiva. ...
Esta estructura fue descrita por Mary Beard al señalar que el discurso público en la cultura occidental se ha construido como un “mythos masculino”, un espacio históricamente reservado a la voz masculina. En su libro Mujeres y Poder (Crítica), Beard recuerda que desde la antigüedad la oratoria y la retórica fueron definidas como atributos esencialmente masculinos, excluyendo sistemáticamente a las mujeres de la posibilidad de hablar en público. A esta exclusión la denomina el “silencio femenino”: una forma de violencia simbólica que no solo niega la palabra, sino que regula qué tipo de discurso es considerado legítimo. Aún hoy, este patrón persiste, aunque de forma más sutil: no se trata tanto de impedir que las mujeres hablen, sino de condicionar cómo pueden hablar y qué emociones se les permite expresar.






