Es imposible combatir algo que no se comprende. Este principio básico, útil en casi todas las esferas de la vida, resulta ajeno a gran parte de la tradición liberal, ya sea de izquierdas o de derechas. Quienes defendemos las instituciones democráticas, el Estado de derecho, la limitación de todos los poderes y un arbitrio sensato y prudente de la opinión pública solemos lamentar el avance de los populismos como un agente patógeno y extraño a nuestra propia tradición. La pléyade de intelectuales que nos alerta sobre el deterioro de nuestras democracias suele construir argumentos eficaces para criticar al adversario, pero rara vez asume la cuota de responsabilidad que le corresponde al propio sistema en crisis.
Patrick J. Deneen es profesor en la Universidad de Notre Dame y uno de los pensadores más relevantes de lo que se ha dado en llamar posliberalismo. También mantiene cierta amistad con J. D. Vance, y hay quien afirma que ejerce una notable influencia sobre el vicepresidente. Este último detalle, lejos de invalidar sus propuestas, lo convierte en un intelectual especialmente interesante si queremos interpretar no solo lo que nos sucede, sino también el mundo que viene y por qué más de 70 millones de personas pudieron confiar en alguien tan extravagante como Donald Trump en las pasadas elecciones.






