Pese al alivio de las sanciones estadounidenses para impulsar el sector petrolero, la reactivación económica no llega
La economía no mejora en Venezuela. Todo el mundo espera que lo haga, pero los beneficios no terminan de llegar. Los precios prosiguen su escalada y la inflación anualizada del país —la más alta del mundo— promedia el 600%. Basta con ver el comportamiento del bolívar, la moneda local, para entender la gravedad del paciente. En lo que va de año, ha perdido cerca del 20% de su valor frente al dólar. En enero, el dólar oficial valía 367 bolívares; hoy ya se sitúa en 450 (y el denominado “dólar paralelo”, de enorme influencia en la formación de los precios, puede ubicarse hasta en 650). La moneda se ha devaluado en más de 9,000% desde 2022.
Los ingresos adicionales que percibe el fisco nacional tras el ataque militar de Estados Unidos —gracias a la flexibilización de las sanciones y a nuevas licencias para explotar petróleo— no han podido cerrar la brecha entre el dólar oficial y el dólar negro. El déficit fiscal del Gobierno central es de 9 puntos del Producto Interno Bruto.
Las manifestaciones por el malestar económico y los graves rezagos sociales, que se han hecho crónicos, marcan la agenda de la protesta ciudadana. “Estamos reclamando un derecho humano básico, una obligación constitucional del Gobierno: la mejora general de las condiciones de vida de la población”, dice Gregorio Alfonso, miembro de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela. “Cada vez que queremos movilizarnos al centro de Caracas, las autoridades buscan argumentos para impedirnos llegar”.







