La presidenta encargada enfrenta el reto de otra tormenta inflacionaria en un país sancionado y con acceso limitado al crédito

Delcy Rodríguez asumió las riendas del estado venezolano con una economía en la cual se gesta, nuevamente, un problema inflacionario de grandes magnitudes. Una industria petrolera todavía muy lastimada por la desastrosa administración de estos años. Un Producto Interno Bruto que ha perdido el 70% de su tamaño en los últimos 10 años y una escala salarial que atestigua el empobrecimiento general de la población.

Su ascenso en el poder, sin embargo, no entraña una mala noticia para los sectores económicos locales. Antes de asumir la presidencia encargada del país, Delcy Rodríguez conducía las carteras de Economía y Finanzas, y también la de Petróleo, incluidas en el paraguas de la vicepresidencia. Sin decirlo nunca, fue ella la primera en aceptar el fracaso del modelo intervencionista. Para rectificar, asumiendo funciones, prescindió del concurso de los economistas venezolanos —casi todos muy críticos de las decisiones del chavismo en estos años— y acudió a su amigo y compañero Rafael Correa, expresidente de Ecuador, quién le terminaría recomendando un equipo de asesores para ejecutar un ajuste económico clásico.