El bolívar, la divisa local, pierde terreno de forma constante y el dólar devalúa un 60% desde agosto

Cada vez que aparece en televisión para dirigirse al país, el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, valora con entusiasmo el crecimiento que, de acuerdo con la narrativa oficial , ha registrado la economía local en los últimos meses. De hecho, el Banco Central de Venezuela -controlado por el chavismo y entregado al discurso gubernamental- reporta una expansión de 7 puntos del Producto Interior Bruto (PIB) en lo que va de año. La Comisión Económica para América Latina (Cepal) y otros organismos regionales aceptan esa cifra, pero el Fondo Monetario Internacional (FMI) la echa por tierra sin ningún tipo de matiz: el crecimiento se sitúa apenas por encima del 1% y la inflación rozará el 270% al cierre de 2025.

“Hay que decir que el cuerpo golpeado de una economía que llegó a un punto extremo de debilidad hace unos años está viviendo buenos momentos de recuperación”, afirmó recientemente el líder chavista. “A ese cuerpo hay que seguir cuidándolo”. Luego del derrumbe de su aparto económico, y de la drástica caída en su producción petrolera en la década anterior, Venezuela ha pasado cuatro o cinco años con una actividad económica irregular, con altibajos. Ha quedado claro, en términos generales, que persisten los graves problemas sociales y de servicios públicos que han expulsado a millones de ciudadanos gente del país, pero al menos se habían aliviado algunos males cotidianos -como el desabastecimiento- una vez que Maduro aceptara introducir reformas de mercado en su Administración.