Las tensiones políticas entre los Estados Unidos y el gobierno revolucionario de Venezuela han escalado a un nivel similar, e incluso superior, a los de los primeros tiempos de Juan Guaidó, el dirigente opositor que, con apoyo de la Casa Blanca, se declaró “presidente encargado” del país sudamericano en 2019.

Estados Unidos duplicó hace tres semanas el precio de la recompensa por información que conduzca a la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por sus presuntos vínculos con el terrorismo y el narcotráfico. Días después, anunciaba la movilización de ocho buques de guerra, submarinos, aviones y 4.000 marines en las narices de las costas venezolanas, en una anunciada operación militar antinarcóticos. “Maduro no es el presidente de Venezuela, es un fugitivo, el jefe del Cartel de los Soles”, afirmó la portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt, al comentar el operativo.

El ministro de la Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, dijo como respuesta que su país patrullará con drones y buques de guerra las costas del país, incluyendo la cuenca del Lago de Maracaibo. Anunció además una operación fronteriza coordinada con Colombia que incluye la movilización de 15.000 efectivos. Los soldados se sumarán a los cuatro millones de reservistas de la Milicia Nacional movilizados.