Estados Unidos no cesa en sus hostilidades contra Venezuela. En el Palacio de Miraflores, la residencia de Nicolás Maduro y sede de su Gobierno, el nerviosismo es máximo. La flota norteamericana fondeada en el mar Caribe ha destruido este lunes con armamento de guerra una segunda embarcación que zarpó de la costa de venezolana. Se trata de una clara señal al chavismo de que, lejos de cesar, la presión aumenta con el paso de los días.
La incertidumbre reina entre políticos, analistas y conocedores de la política venezolana. Acostumbrados a dictar sentencia, ahora se han quedado mudos. Nadie sabe lo que va a ocurrir. Donald Trump asegura que los destructores y los buques de asalto anfibio, que imágenes satelitales los sitúan en el límite con aguas venezolanas, tienen como objetivo acabar con el trasiego de droga que se dirige a su país. Hace 12 días hundieron una lancha con 11 personas a bordo y este lunes aniquilaron otra embarcación con tres personas dentro. Según el inquilino de la Casa Blanca, los dos barcos iban cargados de droga y esa es la justificación para destruirlos con misiles. Sin embargo, de Venezuela sale una cantidad muy baja de droga -el 5%, de acuerdo con ONU- si se le compara con otros países de su entorno, como Colombia o Ecuador.







