Puede que ya haya muerto. Antes, ha pasado por un corredor de la muerte inverso donde el día más temido no era el de su deceso voluntario, sino el de los recursos de su padre para impedirlo

Noelia Castillo morirá hoy, 26 de marzo de 2026, a los 25 años. Un médico le administrará, o le facilitará para que se lo administre ella misma, una dosis letal y legal de un tóxico en cumplimiento de la

l" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/sociedad/2026-02-20/la-generalitat-reactiva-el-proceso-para-aplicar-la-eutanasia-a-noelia.html" data-link-track-dtm="">solicitud de eutanasia que cursó ella misma hace dos años aduciendo un sufrimiento intolerable, y que no ha sido paralizada ni por el mismísimo Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Así que, sí. Puede que cuando usted lea estas líneas Noelia ya no esté entre nosotros. Lo anunció ella misma dos días antes de su óbito programado en una entrevista exclusiva en Y ahora, Sonsoles, el programa de la tarde más visto de las televisiones privadas de España, o sea que público quería.

Primorosamente vestida de blanco, con su negrísimo pelo sujeto con un lazo de encaje, en una estampa entre sonrosada niña de comunión y lívida novia, en contraste con sus ojeras cárdenas y sus labios pintados de rojo, como para despedirse con decoro de un mundo en el que no desea estar desde solo ella sabe cuándo. Ya intentó dejarlo arrojándose al vacío en un salto que la dejó parapléjica, después de haber sufrido una violación múltiple, una infancia complicada y un trastorno de la personalidad que, según los expertos, no le resta raciocinio. Desde entonces, cuando decidió solicitar y ejercer su derecho a la eutanasia, Noelia ha vivido un calvario. Secuestrada en una especie de corredor de la muerte inverso, donde el día más temido no era el de su deceso voluntario, sino los de los recursos interpuestos por su padre, auxiliado por los ultracatólicos Abogados Cristianos, para impedirlo. El horror absoluto.