Cuatro días después de lo previsto, atraca en La Habana la penúltima parte de la delegación. La oposición cubana la tilda de “turismo ideológico”
La embarcación Maguro arriba a la terminal de Cruceros de La Habana ondeando tres banderas: la palestina, la cubana y una blanca. Es la flotilla del convoy Nuestra América, una delegación de las izquierdas europeas para traer ayuda humanitaria a una isla “asfixiada” por un “bloqueo genocida” de Estados Unidos, con más de 60 años de historia y agudizado desde enero. “Abajo el imperialismo. Viva la solidaridad entre los pueblos”, vitorean medio millar de activistas, la gobernadora de La Habana y miembros del Comité Central del Partido Comunista. Aquí vieron amanecer esperando su llegada, retrasada por mal clima desde el viernes. En una esquina de la terminal, una anciana se quita las gafas para secarse las lágrimas. “Esta gente se juega la vida por nosotros, por ayudarnos”, celebra emocionada.
“Cuba es un ejemplo de soberanía y dignidad”, exclamó Thiago Ávila, activista brasileño, minutos después de bajarse de la embarcación, bautizada como Granma 2.0, en referencia al yate que inició las luchas guerrilleras que culminaron con el triunfo de la Revolución, en 1959. Abrazado a una kufiya, el reconocido activista, que también subió a la flotilla de solidaridad con Gaza, agradeció al Gobierno cubano y aseguró que este es “un acto de retribución con Cuba, el país más solidario del mundo”.













