Organismos de derechos humanos e historiadores advierten de la deriva autoritaria del Gobierno de ultraderecha argentino

La última dictadura argentina fue tan atroz que unió a los argentinos en uno de los pocos consensos que resisten la polarización: Nunca Más. Este martes, cuando se cumplen 50 años del último golpe de Estado, miles de personas saldrán a las calles para repudiar el terrorismo de Estado, exigir a los militares que digan dónde están los desaparecidos y reivindicar un proceso judicial que ha condenado a más de 1.200 represores por crímenes de lesa humanidad y sigue abierto. A contramano de la justicia, Javier Milei cuestiona la existencia de un ...

plan sistemático para secuestrar, torturar, desaparecer, asesinar y robar bebés. Defiende, en cambio, que “durante los setenta hubo una guerra” entre el régimen militar y las organizaciones guerrilleras en la que las Fuerzas Armadas “cometieron excesos”. Su reinterpretación del pasado inquieta a quienes ven en ella una señal de la deriva autoritaria de un Gobierno de ultraderecha que criminaliza la disidencia.

A diferencia de España, donde el 21% de la población considera que los años del franquismo fueron buenos o muy buenos, en Argentina, solo el 7% tiene una imagen positiva del régimen militar impuesto el 24 de marzo de 1976, según una encuesta de Pulsar, el Observatorio de la Universidad de Buenos Aires, especializado en el estudio de la opinión pública. Es fácil de entender el rechazo generalizado: en siete años, la dictadura argentina diezmó una generación y dejó un país más pobre, más desigual y más endeudado. Menos combativo, menos industrializado, menos singular en América Latina.