Un módulo de respeto de la prisión El Salto del Negro presume de un sistema “único” con actividades literarias, salidas programadas e internos que conviven con personas vulnerables
Son una docena de internos del módulo 10 de la prisión provincial Las Palmas I. Entran en silencio y ocupan rápidamente las filas delanteras del pequeño salón de actos. Una vez comienza la clase, hay prisas por ser los primeros en mostrar los deberes. “Querido Dios”, comienza a leer Javier, ...
un hombre de mediana edad que ha recreado un intercambio epistolar entre el ser supremo y Satanás. “Todavía no entiendo cómo has elegido esta vía para hablar conmigo...” Le sigue Gustavo, un recluso que ha imaginado cómo sería un intercambio con un familiar en Colombia; un tercero de acento andaluz que le recuerda a su primo episodios de juventud; otro más que se pone en la piel de Íñigo Errejón... Estos reos participan en el taller de literatura epistolar impartido en El Salto del Negro —nombre con el que se conoce popularmente esta cárcel—, una de las actividades con las que se trabaja para lograr la reinserción. “Yo leía cero”, asegura a su término Josué, mecánico y buzo de profesión. “Ahora he encontrado otro objetivo en la literatura. Leer abre otros mundos”, relata aferrado a un ejemplar de Paradero desconocido, de la estadounidense Kathrine Kressmann Taylor —una referencia del género epistolar—.






