Una habitación propia de Virginia Woolf fue el primer ejemplar regalado en la iniciativa A las olvidadas, de la asociación Teta y Teta, que durante ocho años ha entregado libros a las cárceles para que lleguen a las manos de mujeres privadas de libertad. A través de un llamado en redes sociales preguntan: “¿Qué libro le regalarías a una mujer que está en la cárcel?“. Este miércoles han presentado el primer informe sociológico del proyecto, que analiza los más de 12.000 libros dedicados que se han entregado a lo largo de los años en 23 cárceles del país. ”Este es un estudio en el que se analiza qué se envía y qué no se envía, y qué cosas se dicen y cómo se dicen en las dedicatorias“, ha explicado Sabela León, investigadora del informe junto a Beatriz Marín.Marina García, portavoz de Teta y Teta, ha guiado el evento en La Casa Encendida de Madrid que se extendió durante toda una jornada. En sus palabras ha destacado tres cifras: solo el 7% de la población reclusa son mujeres; de ellas, un 80% son madres y un 88% han sufrido violencia machista. “Solo siete de cada 100 personas que están cumpliendo condena son mujeres, con sus necesidades, sus miedos, sus culpas, con sus especificidades”, ha dicho. Solo en Madrid, Barcelona y Ávila hay centros completamente femeninos. Las mujeres que cumplen condena en el resto del país se reparten en 41 centros masculinos donde ellas tienen sus propios módulos, en los que “el espacio y todo lo que pasa en esa prisión no está pensado para ellas que son la minoría”. En 10 provincias no tienen módulo de mujeres, por lo que las presas de esas localidades son enviadas lejos de sus familias y redes de apoyo. En este contexto nace la iniciativa, ha recalcado García: “A las olvidadas es revolucionario porque es una iniciativa solo para ellas en un sistema que está pensado solo para ellos”. Cuando hacen las convocatorias por redes sociales no dan instrucciones ni solicitan géneros específicos. Tan solo piden que sea algo pensado y dedicado para estas mujeres. Una vez que la gente envía los libros y antes de que lleguen a la cárcel, el equipo documenta los títulos y las dedicatorias. Dos integrantes del proyecto llevan los ejemplares a las prisiones, acompañadas de ilustradoras que registran la actividad (dentro está prohibido hacer cualquier registro audiovisual) y una artista que hace un pequeño show de cierre. “Hacemos un evento cultural en el que ellas son el centro, participan, leen las dedicatorias. Es un evento cultural dentro de prisión, no una intervención social”, ha explicado García. Abrazo, querida y mujerLos libros que envían se clasificarían en cuatro grandes estantes, ha retratado León. El primero sería el de genealogía femenina y experiencias compartidas, “aquellos que relatan y tratan historias protagonizadas por mujeres que han vivido situaciones complejas de violencia”, por ejemplo, Como agua para chocolate, La casa de los espíritus o El tiempo entre costuras. El segundo sería el del pensamiento crítico y feminista, donde hay manifiestos o ensayos sobre feminismo como Todas deberíamos ser feministas, Una habitación propia o Cómo educar en el feminismo. En el tercer estante estarían los libros de autoayuda como El monje que vendió su ferrari, Qué fácil es todo y cuánto lo complicamos o Encuentra tu persona vitamina. Finalmente, aparecerían los libros clásicos y grandes best sellers, como Cien años de soledad o La sombra del viento. En estas cuatro categorías de libros, el equipo ha identificado cuatro intenciones diferentes de quien regala: la identificación con personajes, la crítica a esta experiencia estructural de ser mujer, la ayuda para llevar de mejor manera la situación de encierro, y la evasión tal cual a través de las novelas.El estudio también ha analizado 372 dedicatorias para identificar las palabras más utilizadas y el lugar desde el que se posiciona quien regala el libro. En cuanto a las palabras más repetidas —donde lideran libro y espero—, el equipo ha destacado abrazo, querida o mujer, “palabras que normalmente no están asociadas al imaginario sobre la prisión”. Estas dedicatorias, han asegurado, devuelven a quien las recibe la singularidad que el sistema carcelario les ha quitado. También han identificado transformaciones semánticas, donde la palabra cambia de significado según el contexto. Con abrazo, por ejemplo, que aparece en aproximadamente el 30% de las dedicatorias, “ante la imposibilidad del contacto físico, los libros funcionan como abrazo diferido”, dice el informe, y citan una de las dedicatorias: “No sé cómo envolver un abrazo y un beso, así que te los mando en forma de libro”.El lugar desde el que se escribe la dedicatoria tiene tres categorías: simétrico (70,35%) que puede ser horizontal / sororo o deseo respetuoso/acompaña; neutral (15,9%); y asimétrico (13,75%), con un tono imperativo directo, condicional o de lección, o de corrección implícita. La gran mayoría de las dedicatorias se sitúan de tú a tú, sin diferencias y con formas empáticas que comparten una misma experiencia, como decía una de ellas: “Con mis mejores deseos de que, conociendo mejor nuestra realidad, podamos juntas contribuir a mejorarnos y mejorar nuestro entorno”. Al comparar los hábitos de lectura y compra de libros de la población general española y los géneros que se regalan a través de iniciativa, en ambos lidera la novela, pero en el caso de los donados, el porcentaje de ensayo y poesía —12% y 9%— es mayor que en el consumo general —6,7% y 2,5%—. El informe dice respecto a la poesía: “La función que cumple dentro de los muros añade una dimensión que los datos no capturan: las internas la usan como materia prima para sus cartas, como lengua prestada con la que comunicarse con sus parejas, pretendientes y familia. La biblioteca se convierte en un nodo de la red afectiva que el encierro intenta interrumpir”.Al equipo le ha llamado la atención que la novela erótica no llega al 1% de los libros que reciben, y en muchas cárceles es uno de los géneros que más piden. “Está muy relacionado con la manera en la que funcionan los centros penitenciarios, donde no hay espacio para esa intimidad, para la sexualidad. Se controla mucho el cuerpo. En la situación de encierro, un libro puede ser mucho más que un libro”, ha explicado García. Esto ha hecho que el equipo reflexione sobre qué entienden por derechos culturales. “Quizá el derecho al placer o a conocerse una misma a través de la cultura, como puede ser con la novela erótica”, y se han cuestionado que quizá la próxima vez, en la próxima intervención cultural, en vez de pensar en Simone de Beauvoir deberían centrarse en 50 sombras de Grey. Un avance en los derechos culturalesLa iniciativa ya se ha replicado en Francia, México, Honduras, Colombia, Suiza y Panamá. El éxito ha sido tal que A las olvidadas ha sumado otros proyectos en torno a la literatura y el lenguaje. Ahora tienen un club de lectura feminista en el Centro Penitenciario de Extremadura; crearon Estaripé, un glosario de jerga penitenciaria femenina con más de 50 palabras creado y diseñado por ellas; y Archivo Vivo, una propuesta de mediación cultural con la financiación del Instituto de las Mujeres para que las mujeres privadas de libertad accedan al archivo de estos 12 años: los libros con sus dedicatorias, las cartas de motivación de las donantes y las cartas que escriben ellas mismas. A través de todos estos proyectos, ha asegurado García, se garantiza el ejercicio de sus derechos culturales. El impacto que ha tenido en las mujeres ha quedado demostrado en una carta que enviaron desde la cárcel de Soto del Real sobre su experiencia con A las olvidadas: “El día que se nos notificó, mediante la señorita Lourdes, que íbamos a ser objetos de una donación de libros, pensamos: ‘Qué cosa tan rara, solo las mujeres’. Para nuestra sorpresa, las expectativas quedaron muy lejos de la realidad. Fue una mañana alegre, divertida, en la que las mujeres fuimos el todo. Por primera vez hemos visto con un libro en las manos a mujeres que antes no tenían esta inquietud, el sentimiento de que algo nos pertenece, que es exclusivamente para nosotras en un lugar donde el machismo está presente en cada momento”.