Los productos hortofrutícolas suponen casi la mitad del desperdicio dentro de los hogares. Recomendaciones para darles una mejor vida

Se siguen tirando demasiados alimentos y bebidas a la basura: según el último estudio elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la proporción de hogares que desperdiciaron alimentos en 2024 fue del 67,1%, reduciéndose en 2,6 puntos porcentuales en comparación con el año anterior.

="">El estudio revela que hay un mejor aprovechamiento de pan, verduras-hortalizas y vinos —tanto tranquilos como espumosos—, con 7,28 millones de kilos o litros desperdiciados menos, en contraposición a una peor gestión de frutas, leche líquida y pastas alimenticias.Las naranjas y el resto de frutas frescas son los productos que están detrás del mayor aumento del desperdicio: las primeras crecen un 8,4% dentro del total de frutas, y el resto de frutas frescas aumenta un 3,6%. En conjunto, sumando frutas, verduras y hortalizas, los productos hortofrutícolas supusieron casi la mitad del desperdicio dentro de los hogares, con un 46,2% en 2024.

Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, a la hora de manipular las frutas y verduras hay que tener en cuenta que en el medio ambiente —suelo, polvo, agua de riego— puede haber microorganismos patógenos y elementos químicos que, en ocasiones, pueden contaminar estos alimentos. Por este motivo, es muy importante una manipulación adecuada antes de su consumo. También aconseja que, durante la compra, se observe que la superficie esté limpia, que tenga el color propio del tipo de fruta de que se trate y que la pulpa esté intacta. Las frutas y verduras se conservan, por regla general, en la nevera, sin plásticos, y deben separarse del resto de los alimentos cocinados y crudos, almacenándose en la zona menos fría, en los cajones. Sin embargo, hay frutas y verduras que, por su naturaleza y grado de maduración, pueden conservarse a temperatura ambiente, aunque siempre por periodos cortos (como cebollas y cítricos en general). “El frío ralentiza la maduración, pero no todas reaccionan igual a las bajas temperaturas”, apunta Irene Romero, científica titular del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC). Si hay partes dañadas, se deben cortar; si hay presencia de hongos, conviene desechar la pieza entera. “Una manzana podrida estropea el barril. Las frutas y verduras mohosas deben descartarse, y los fruteros y cajones del frigorífico deben limpiarse con frecuencia para reducir la población de microbios”, dice Harol McGee, en La cocina y los alimentos.