Tras contar con Vajda y varios nombres de primera línea como estímulo, el serbio ha optado por un asesor desconocido y descarta el rol de un entrenador principal
Marian Vajda, Boris Becker y Goran Ivanisevic han sido tres actores trascendentales en la carrera de Novak Djokovic, quien a sus 38 años, todavía sueña con lograr una última campanada: “Sigo siendo competitivo, quiero otro Grand Slam”. No hay, sin embargo, ningún técnico que marcase más al campeón serbio que Nikola Pilic, a quien considera su “padre ten...
ístico” y quien le moldeó entre los 12 años y la mayoría de edad. En septiembre, Pilic falleció y dos meses más tarde, Nole organizó un homenaje en Atenas en el que rompió a llorar al recordar a su mentor, a quien, dijo, honrará hasta el final de sus días.
Desde el fallecimiento de Pilic, Djokovic tiene un sentimiento de orfandad deportiva que coincide todavía con la ausencia de un entrenador principal en su banquillo, puesto desde que finalizase su vínculo profesional con el escocés Andy Murray, ha optado por un modelo de perfil bajo. “No es fácil trabajar conmigo, y no es fácil trabajar al más alto nivel”, advertía a finales de enero, inmerso entonces en la captura de otro título en Australia. “Soy alguien exigente en el día a día. Espero un compromiso total y profesionalismo de cada integrante de mi equipo”, prorrogaba en unas declaraciones recogidas por Clay.






