Los de Corberán dan la vuelta un 1-2 en contra gracias a los goles de Cömert y Hugo Duro en el tiempo de añadido

El Valencia protagonizó una de esas remontadas que se recordarán durante años. El equipo de Carlos Corberán perdía 1-2 ante el Alavés en el minuto 89 y Mestalla lloraba ya otro traspié que volvía a enredarle en el descenso. Esta vez, además, tenía el aroma de los partidos injustos después de ver los mejores minutos del conjunto blanquinegro. Hasta que llegó la reacción en esos momentos en los que la ambición y el orgullo pesan más que el juego. No perdió la fe el Valencia y su premio llegó con un tanto de Cömert y un penalti transformado por Hugo Duro cuando ya pasaban nueve minutos de la prolongación. El éxtasis para una afición tan poco habituada a las alegrías que la festejó a lo grande.

La falta de Guido a Toni Martínez dentro del área cuando el partido acababa de despertar condicionó toda la primera mitad. El tanto de penalti de Boyé fue un regalo para un Alavés que encuentra un tesoro en cada gol. Verse en Mestalla, ante un rival directo, en ventaja nada más empezar, fue una bendición para el grupo de un aplaudido Quique Sánchez. Aunque el Valencia reaccionó con personalidad, intensidad y buen manejo del balón. El equipo de Carlos Corberán pisó el área mucho más que en los últimos partidos, aunque solía diluirse en los pies del siempre desconcertante Umar Sadiq, un jugador que a ratos se pega con el central y a ratos consigo mismo. Un delantero diferente que, una vez más, acabó encumbrado por sus incondicionales. Ramazani, liberado por la continuidad que le da su entrenador, es ahora un extremo mucho más desequilibrante e imprevisible que enriquece los ataques de su equipo.