El equipo de Corberán iguala el choque tras una tarde en la que recuperó el fútbol y añoró el gol

El Valencia parecía perdido después del gol de Cucho en el tramo final del partido. El equipo de Carlos Corberán, que había hecho un partido notable, veía que se le escurrían los tres puntos porque era incapaz de marcar en los últimos cuatro encuentros. La grada, llena, como siempre, sentía que esta vez no era merecido, pero entonces llegó un golpeo delicado de Luis Rioja que salvó, al menos, un empate (1-1) que le supo a poco y que ve ya muy lejana su última victoria, el 20 de septiembre.

El Valencia mordió dos faltas en los tres primeros minutos de partido. Una declaración de intenciones. Y volvió a mostrar, salvo un despiste de Copete que Abde desperdició con la portería para él, el orden indispensable en un equipo que pretende salir del fondo de la clasificación. Parecía que, después de semanas en las que se había difuminado, volvía a distinguirse sobre el tapiz de Mestalla el trazo firme de Carlos Corberán, ayer un héroe y hoy un técnico en el que muchos ven ahora las debilidades del último Rubén Baraja.

El técnico de Cheste fortaleció la medular con Pepelu, que bajaba hasta los centrales para ayudar en la salida del balón, Javi Guerra, un básico en este equipo, y André Almeida, que lubricó los ataques del Valencia en la primera mitad, cuando Danjuma, el más peligroso, el más individualista también, rasgaba la defensa bética por la banda izquierda, bien secundado por José Luis Gayá, el capitán criticado, que firmó 45 minutos extraordinarios.