La ciudad acoge el tercer proyecto de este ‘businessman’ y ‘performer’, eternamente vestido de blanco

Alan Faena quiere que Nueva York vuelva a ser la ciudad que nunca duerme. Sinatra dixit. Al parecer, tras la pandemia los neoyorquinos han claudicado, cenan y se van a la cama pronto. Nuevos hábitos que Faena quiere hackear con un hotel maximalista y dramático en West Chelsea, donde un speakeasy que está por abrir y un teatro de variedades de ambiente mundano y cabaretero recordarán a los locales la ciudad que aún tienen entre manos....

Sonaría pretencioso si no fuera porque Alan Faena (Buenos Aires, 62 años) es un mago de las ciudades y las voluntades. Su primer experimento empezó en medio de una crisis, la de 2001 en Argentina, en Puerto Madero, zona portuaria en ruinas de Buenos Aires. Venía de vender su marca de moda, Via Vai, y de superar un trance: cuatro años cultivando rosas en su casa de Uruguay. Nacido en una familia de emigrantes sirios y con un apellido judío sefardí, podía salir cualquier cosa de ese ritual purificador. Salió una idea. Por un lado, levantar un proyecto residencial de lujo en aquel erial, y, por otro, conquistar a los talentos más caros del mundo. Por ejemplo, encargar el interiorismo a Philippe Starck, entonces en lo más alto de su carrera, y el diseño a Norman Foster. A Starck le enviaba postales dramáticas: Argentina needs you. Los acabó convenciendo. Ahora dice que “las almas creativas se reconocen al instante”. Faena y sus socios levantaron Puerto Madero y en 20 años lo convirtieron en una de las zonas residenciales más deseadas de la ciudad.