El número uno, invicto este año, busca su tercer trofeo en California y subrayar su condición actual. Sinner llega con dudas y Djokovic asomaría en las semifinales

Mientras los demás sufren intentando descifrar el acertijo, tratando de averiguar cómo demonios podrían neutralizarle, Carlos Alcaraz se planta en Indian Wells con una camiseta azulada de los LA Lakers, sigue haciendo mil cabriolas con la raqueta —oficialmente, su quinta extremidad— y luce también su nuevo peinado, con el ángulo que recorre el nacimiento de la sien hasta la nuca completamente rasurado. “¿Te gusta?”, se dirigía a un aficionado durante un entrenamiento, al mismo tiempo que se afilaba y el resto de los tenistas que competirán estos días en California tratan de imaginar la fórmula, esa vía hasta ahora imposible de acabar con la secuencia del murciano:

/deportes/tenis/2026-02-21/alcaraz-abruma-a-fils-y-prorroga-en-doha-su-marcha-triunfal.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/tenis/2026-02-21/alcaraz-abruma-a-fils-y-prorroga-en-doha-su-marcha-triunfal.html" data-link-track-dtm="">victorias y más victorias. Son 12 este año. No será fácil, por tanto.

A la superioridad exhibida tanto en el Open de Australia como en Doha, los dos torneos que ha disputado hasta ahora, el número uno del mundo añade otra doble circunstancia a su favor: conoce a la perfección los entresijos de un escenario complejo como Indian Wells —de vez en cuando remolinos, tormentas de arena e incluso una invasión de abejas— y, a la vez, encuentra una magnífica aliada en la superficie porque no hay Masters 1000 más lento sobre pista dura —un índice de 30.9 en 2025, cercano al 29.0 de la tierra batida de Montecarlo— y porque para desestabilizarle no hay mejor contexto que el del vértigo y el caos. Es decir, una realidad poco controlable.