Cumpliéndose todos los pronósticos, este domingo vamos a poder disfrutar por tercera vez consecutiva en un gran torneo de la final más esperada entre el actual número uno del mundo, Jannik Sinner, y nuestro brillante jugador Carlos Alcaraz. El de Murcia se ganó su paso a la final en un partido contra Novak Djokovic que, si bien estuvo algo igualado en sus dos primeros parciales, nunca me dio la más mínima sensación de que el desenlace pudiera ser otro.

Consciente de su edad, de que sus piernas ya no son las de antaño y de que un partido largo difícilmente le podría beneficiar, el serbio tenía solamente dos opciones para contrarrestar la superioridad de su rival: o bien optar por ralentizar el juego o bien por jugar más rápido y ser más agresivo de lo habitual. Tomó esta segunda opción y, por supuesto, cometió más errores no forzados de lo que es normal en él: lo lógico cuando un jugador se ve impelido a apartarse del tipo de juego que lo hace realmente bueno, aunque sea uno de su grandísima talla.

La otra semifinal, la que disputó el italiano con Félix Auger-Aliassime, fue un partido bastante más ajustado en el marcador. Uno de los datos más determinantes que arrojan las estadísticas fue el desenlace de los puntos de break. Si bien Félix solamente fue capaz de convertir en rotura una de las 10 oportunidades con las que contó, el jugador transalpino convirtió cuatro de 11; una demostración, en realidad, de que Jannik fue superior en los momentos decisivos y, por tanto, merecedor de su pase a la final.