El cineasta francés analiza los últimos 35 años en las altas esferas políticas y de poder económico en Rusia, donde reina el miedo

En la formidable primera secuencia de La muerte de Stalin, salvaje parodia con evidentes toques de comedia negra de las purgas estalinistas, la simple grabación de un concierto de música clásica por la radio pública daba pie a una aguda reflexión acerca de la base principal de aquel régimen criminal: el miedo. ...

Al culminar la rocosa, fría e inteligente El mago del Kremlin, película del francés Olivier Assayas acerca de los últimos 35 años en las altas esferas políticas y de poder económico en Rusia, el miedo sigue estando ahí. Pero hay un concepto con aún mayor implantación y, como aquel, introducido con total ambición: el caos. La provocación del desconcierto —valga la paradoja, dentro de un férreo control— es lo que parece mover a Vladímir Putin, líder del país desde el año 2000. La más demente de las vorágines, como camino hacia la consecución de los objetivos (políticos, económicos, sociales). Nos lo está diciendo Assayas respecto a Rusia, y nos lo están diciendo las noticias cada mañana respecto a tantos otros autócratas y sátrapas del mundo contemporáneo.