El empresario catalán también ha colocado su aceite en el Campus de Groisy, la escuela que forma a la élite de la gastronomía en Francia: “deseo que dejen de cocinar con mantequilla”

Un día le dijo el bodeguero Álvaro Palacios a Jordi Ciuraneta (Sabadell, 61 años) que Palma d’Ebre (Tarragona) —a unos 30 kilómetros de Gratallops, donde el primero elabora vino en el Priorat— era la mejor zona —la llaman la Toscana catalana— del mundo para producir aceite. “Algo de verdad debe haber, porque mi familia lleva dedicada a este mundo, según data una escritura, des...

de 1789. Es un territorio difícil de gestionar, como le ocurre al vino, por su orografía escarpada, en una zona rocosa y de terrazas”, explica el propietario de Priordei, marca oleícola con almazara propia, en manos de la décima generación de la misma familia que la fundó. “Somos como el olivo: constantes, perseverantes y resilientes. Mi padre siempre nos decía que los árboles que plantáramos hoy no eran para nosotros, sino para la generación siguiente”. Y en eso siguen: creando futuro dentro de un entorno rural.

En la actualidad tienen 160.000 hectáreas plantadas con las variedades arbequina y rojal —esta última, autóctona, única y casi desaparecida, de la que solo se cultivan en el mundo 300 hectáreas y sobre la que tienen un proyecto de recuperación, aunque de momento tienen censados 500 árboles—. “Es muy difícil de reproducir: de 3.000 esquejes solo hemos conseguido 200. Intentamos crear riqueza allí donde la mayoría dice que no se puede vivir, porque nuestra intención es proyectarnos al mundo. Hace un año abrimos mercado en Francia”, afirma este empresario agrícola y ganadero, que durante un tiempo se dedicó a la política —primero en el Ayuntamiento de Palma d’Ebre y más tarde como consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural de la Generalitat—.