Es una dolencia al alza en menores, que hipoteca su salud hasta la edad adulta. Los fármacos antiobesidad tienen su hueco, pero los expertos aseguran que nunca solos: es imprescindible una intervención nutricional, emocional y de refuerzo de ejercicio físico

La obesidad infantil se ha convertido en una amenaza global de primer orden, que castiga la salud de la infancia a todos los niveles: es puerta de entrada a una retahíla de enfermedades cardiovasculares y metabólicas que llegan hasta la edad adulta, pero también funciona como un martillo emocional que destroza la salud mental en edades especialmente vulnerables. Se ve en la consulta, cuenta Eduard Mogas, jefe de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil en el Hospital Vall d’Hebron: “Son niños que vienen muy quemados, con un sentimiento de culp...

a que, si no lo abordas bien, les puede acabar generando un rechazo al sistema”.

En su unidad atienden a unos 380 chavales con obesidad. No hay píldora mágica que darles, ni siquiera con la aparición de los novedosos fármacos antiobesidad que han revolucionado, en adultos, el abordaje de esta dolencia. Y aunque estos medicamentos pueden ayudar en algunos casos, no siempre y nunca solos, puntualiza Mogas: es imprescindible que haya siempre una intervención nutricional, emocional y de rutina de ejercicio físico. “Se requiere un abordaje multidisciplinar. Hay que desculpabilizarlos y desestigmatizarlos. Estamos quitando el foco de sus costumbres, que habrá que mejorar, sí, pero lo hacemos en positivo, desde el respeto. Hay que empezar con buen pie para mejorar la adherencia y conseguir que vengan más y mejor a la consulta, plantea el médico.