Estados Unidos ha sufrido este domingo sus primeras bajas, mientras solo un 27% de los votantes respalda la ofensiva
Al dar luz verde a los ataques de Estados Unidos en Irán, Donald Trump ha querido demostrar, una vez más, que es un presidente de acción, dispuesto a hacer uso del inmenso poder militar de su país para doblegar a los países que se le interpongan. Es una apuesta de alto riesgo, que abre numerosos interrogantes y que puede acabar marcando su presidencia y su legado, como Irak le hizo a George W Bush. Las primeras bajas estadounidenses, en una ofensiva muy impopular según las encuestas, pueden ponerlo a prueba.
Este domingo, el Comando Central del ejército de Estados Unidos, responsable de las fuerzas de este país en Oriente Próximo, informaba de la muerte de tres soldados estadounidenses y de heridas graves en otros cinco. Aunque no ha dado información sobre el cómo ni el dónde, su comunicado menciona daños por metralla y conmociones cerebrales entre otros militares heridos leves en el mismo incidente, lo que apunta a un misil iraní. Irán ha lanzado centenares de proyectiles y drones contra bases estadounidenses en el golfo Pérsico.
Por el momento, Trump se muestra eufórico y asegura que la ofensiva va mucho más rápido de lo esperado. Según él, las fuerzas estadounidenses están en camino de hundir la flota iraní y ya ha destruido el cuartel general naval de ese país. También sostiene que los nuevos líderes iraníes quieren negociar, tras la muerte en los bombardeos del líder supremo Ali Jameneí.







