El bombardeo de Estados Unidos e Israel contra Irán no garantiza la caída del régimen pero puede desatar su respuesta desesperada
El ataque militar desencadenado ayer por Estados Unidos e Israel contra Irán —y la respuesta de Teherán tratando de extender el conflicto a otros países de Oriente Próximo como Omán, Emiratos o Kuwait— representa un episodio gravísimo en la peligrosa deriva actual de minusvalorar la negociación, la diplomacia o el derecho internacional como herramientas para la resolución de conflictos. En este sentido, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sin haber agotado antes...
la vía diplomática, ha vuelto a llevar su concepto de las relaciones internacionales a un extremo que podría ser irreversible.
El que Trump, exhibiendo una actitud temeraria, haya atacado el corazón de una cruel dictadura teocrática —inmisericorde a la hora de reprimir a su propia población, que encarcela y asesina a los opositores, somete a las mujeres y desestabiliza la región armando a grupos terroristas, amén de tener en marcha un programa nuclear cuando menos opaco— no justifica este nuevo desprecio al derecho internacional. Incluso la opción militar, llegado el caso, tiene unos cauces determinados, como la legítima defensa, el amparo del derecho, el mandato de la comunidad de países representada en la ONU y, específicamente en EE UU, un conocimiento cuando no aprobación explícita del legislativo. No ha sido el caso.







