“Ninguna de las partes tiene la capacidad de mover al otro de su posición”, ha advertido el exsecretario de Defensa del republicano, Jim Mattis, entre la incertidumbre sobre los resultados que vayan a arrojar las negociaciones

El domingo por la noche, Donald Trump estaba a punto de atacar las centrales eléctricas de Irán, según amenazaba si Teherán no abría el estrecho de Ormuz<...

/a>. Este lunes, ese paso marítimo estratégico seguía tan cerrado en la práctica como antes. Pero el presidente de Estados Unidos anunciaba que pasaba a apostar por la diplomacia y por las conversaciones con un misterioso político iraní. “Ellos quieren llegar a un acuerdo, y vamos a hacerlo”, prometía, tras proclamar una prórroga de cinco días a su ultimátum. “Hay una posibilidad muy real”. La presión de sus aliados en el Golfo, y el temor a una desbandada en los mercados le había llevado al último de una sucesión de bandazos sobre la guerra —ahora belicoso, ahora prediciendo una paz inminente— en 24 días de ofensiva. Pero su nuevo cambio de postura no implica, necesariamente, mejores perspectivas sobre el fin del conflicto.

“Estamos en una posición muy complicada y no puedo identificar grandes opciones, aunque un grupo de barcos con (unos 2.500) Marines a bordo estén de camino al golfo” para sumarse a la flota que ya se encuentra allí desplegada, ha declarado el antiguo secretario de Defensa de Trump, el general retirado Jim Mattis. “Si tuviéramos tres agentes racionales, podríamos decir que estamos en un punto muerto o que va a haber una escalada, porque ninguno de los implicados tiene ahora mismo la capacidad de mover al otro de su posición actual”, analizaba este lunes en el congreso CERAWeek sobre energía en Houston.