No habrá invasión masiva, ni ocupación posterior y menos todavía la construcción de una democracia; habrá ataques aéreos, y su fecha es inminente
Todo listo para golpear otra vez, a la espera de la orden presidencial. Fue justo hace un mes cuando Trump se comprometió a “salir al rescate” de los iraníes si seguía la matanza. Siguió y se recrudeció, a oscuras, sin conexiones telefónicas ni digitales, casi olvidada por el mundo. La Guardia de la Revolución Islámica aprovechó enero entero para acallar las protestas con una represión inaudita, inhumana, propia de una guerra y no de una revuelta, cifrada en decenas de miles de muertos, heridos y detenidos.
El comandante en jefe estaba ocupado. Tenía que secuestrar a Maduro, robar Groenlandia a sus propietarios y perorar en Davos contra los europeos. Ha presentado su Junta de Paz para Gaza como una institución internacional alternativa al Consejo de Seguridad, mientras abandonaba 66 organismos de Naciones Unidas. No ha cesado en su presión sobre Zelenski para que regale a Putin la parte del Donbás que Putin no ha podido quitarle por las armas. Y se ha enfrentado a una revuelta multitudinaria en Minnesota contra su militarizada policía de fronteras, convertida ahora en una auténtica milicia del régimen trumpista, tras los dos asesinatos de dos manifestantes pacíficos.






