El sector asegura que nunca se ha enfrentado “a tantos retos a la vez”. A un mercado más pequeño se suma la llegada de las marcas chinas. En el último lustro se han sucedido cierres y recortes masivos de empleo
El ex consejero delegado de Seat, Wayne Griffiths, hoy alejado del mundo del automóvil, solía repetir una frase que chocaba con el ambiente derrotista que se respiraba (y se sigue respirando) en el sector del motor: “Hay que salir a ganar”. Fue un mantra que repitió en varias ocasiones durante su presidencia de Anfac —
data-link-track-dtm="">ocupó el cargo entre enero de 2022 y junio de 2024—, la patronal nacional de fabricantes de coches, para tratar de mostrar una actitud más positiva ante el momento más desafiante que ha vivido la industria del automóvil, al menos en el siglo XXI. Su sucesor en el cargo, Josep Maria Recasens, máximo directivo de Renault en España, repite ahora otra: “El sector nunca ha enfrentado tantos retos a la vez”.
El principal desafío en la actualidad es la durísima competencia con China en el ámbito del vehículo eléctrico. El gigante asiático domina la cadena de valor de este tipo de coches en todas sus facetas: software, baterías, extracción de materiales y refino. Eso se explica por el intenso apoyo público de China a sus fabricantes, algo que empezó años antes de que Europa comenzara a interesarse en el vehículo eléctrico. Hoy, sus automovilísticas han tomado la delantera a las europeas y han dado la vuelta a la tortilla: si hace años eran las Volkswagen, Mercedes-Benz y BMW las que iban a China a vender sus coches de combustión —debían hacerlo siempre de la mano de un socio local, lo que a China le sirvió para aprender de los europeos—, ahora son ellas las que están entrando a borbotones en los mercados del Viejo Continente. En 2025, las marcas controladas por capital chino supusieron más del 10% de las matriculaciones en España.






