La mayoría defiende una oferta gastronómica amplia, donde se muestre la creatividad y el talento en todo su esplendor

Durante años, el menú degustación fue el símbolo máximo de la alta cocina: una experiencia cerrada, diseñada al milímetro, donde el cocinero marcaba el ritmo y el comensal se dejaba llevar, entusiasmado por la experiencia. Sin embargo, en los últimos tiempos se percibe un cambio claro en las preferencias: cada vez más clientes rechazan este formato, a veces por falta de interés gastronómico, otras porque buscan algo distinto.

El comensal quiere elegir, decidir qué y cuánto comer. Muestra cierto hartazgo ante experiencias gastronómicas, que incluso llegan a rozar lo teatral —ha llegado a visitar diferentes escenarios del restaurante para degustar algún bocado— y resultan demasiado rígidas. Tampoco está dispuesto a invertir horas, atrapado en una sucesión de platos, adornados de un exceso relato. También es consciente de la importancia de llevar un maratón culinario. También es consciente de que desea elegir lo que come, recetas sencillas donde prime un buen producto, sin adornos ni artificios, y no pagar el precio elevado de un menú degustación.

La tendencia parece ir hacia cartas más flexibles, medias raciones, platos para compartir y propuestas que permiten adaptar la experiencia al apetito, al gusto, al momento y al bolsillo. ¿Estamos ante el fin de los maratones culinarios? Le hemos preguntado a varios cocineros españoles sobre este asunto.