¿Cuándo comenzó el interés por todo lo que rodea al mundo del restaurante? ¿Cuándo surgió la figura del chef como personaje mediático? ¿Cuándo empezó la costumbre de sentarse a la mesa y disfrutar de un menú? ¿Cuándo nació el propio menú? Y, en definitiva, ¿cuándo empezamos a comer rodeados de desconocidos, compartiendo un mismo espacio?

En 1937, M.F.K. Fisher publicó Serve It Forth y creó, quizá sin proponérselo, un estilo narrativo a medio camino entre la crónica periodística, la creación literaria y el análisis sociológico. Una manera de contar la historia de la gastronomía con la fuerza de quienes cautivan a su audiencia con el don de la palabra. Este libro, que en los años noventa tradujo la editorial Anaya bajo el título Sírvase de inmediato —con una maravillosa portada en la que dos camareros trinchan un pavo ante los comensales, fotografía de Henri Cartier-Bresson—, nos mostró el camino: la técnica narrativa adecuada para relatar “lo que ocurrió” con el desparpajo de quien deja huella en trazos, como el pintor con su brocha.

Así, Fisher evoca la gula de los romanos, la parsimonia gastronómica de la Grecia antigua, a los que “solo se afanan en rellenar su estómago e ignoran los sabores individuales y las exquisiteces de la cocina refinada”, la pasión de María Antonieta por la mantequilla o el placer de comer en soledad. Sus pequeños ensayos respondían ya a los interrogantes de cómo, cuándo y por qué la pasión por la comida se convirtió en un modo de vivir, de sentarse a la mesa, de compartir o disfrutar individualmente.