En veinte años, todas las fuerzas políticas han gobernado México sin que ninguna haya conseguido convertir al país en un lugar más seguro para sus habitantes
La mayor victoria del Gobierno mexicano. Un acontecimiento histórico. Un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado. El país al fin le planta cara al narco. Estados Unidos celebra la maniobra y no hay quien no aplauda la caída de uno de los criminales más sanguinarios del planeta. Así ocurrió en 2009, cuando elementos de la Marina abatieron a Arturo Beltrán Leyva, el Barbas, cabecilla del cártel identificado con sus apellidos. Volvió a suceder en 201...
0, luego de que elementos del Ejército acabaron con Ignacio Coronel, uno de los jefes del cártel de Sinaloa. Se repitió en 2010, tras la ejecución de Arturo Cárdenas Guillén, alias Tony Tormenta, líder del cártel del Golfo. Y una vez más en 2012, tras la muerte de Heriberto Lazcano, el Z3, el fundador de los Zetas.
El 22 de febrero de 2026, sucede de nuevo, una vez confirmada la muerte de Nemesio Oceguera, el Mencho, máximo dirigente del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), a manos del Ejército. Justo cuando están por cumplirse veinte años del inicio de la guerra contra el narco —es decir, de los primeros operativos conjuntos desplegados por Felipe Calderón en Michoacán en 2006—, el Gobierno de Claudia Sheinbaum recupera su estrategia. Consumidos los seis años de Andrés Manuel López Obrador, quien optó por una suerte de convivencia o apaciguamiento con el crimen organizado —una política conocida como “abrazos no balazos”—, a su sucesora no le ha quedado más remedio que dar un giro para satisfacer las exigencias de Donald Trump.















