La captura de dos objetivos prioritarios del FBI, junto con el envío de 37 capos, cierra una semana de esfuerzos por aplacar al cada vez más imprevisible presidente estadounidense

En poco más de una semana, México se ha apuntado dos nuevos tantos con Estados Unidos. Dos capturas de objetivos prioritarios para las autoridades estadounidenses, en concreto del FBI, y que además han coincidido con la visita del director de la agencia federal de investigaciones, Kash Patel, uno de los exponentes de la línea más dura de trumpismo. Ambos movimientos, sumados a la entrega de 37 capos, llegan en un momento delicado en la ya de por sí complicada relación bilateral. La operación militar en Venezuela a principios de este mes, que consumó la captura del presidente Nicolás Maduro, y la proximidad de las elecciones intermedias en Estados Unidos han elevado la presión sobre México. En las últimas semanas, el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha intensificado una campaña, tanto con negociaciones a puerta cerrada como con la escenificación de operaciones de peso, con el objetivo de espantar el fantasma de una intervención en territorio mexicano.

El equipo de la presidenta confía en que cada resultado en seguridad, cada captura, cada decomiso y desmantelamiento de laboratorios de droga abona el terreno para aplacar al cada vez más imprevisible presidente estadounidense, que busca un golpe de efecto que eleve su aprobación de cara a los cruciales comicios que renovarán ambas cámaras en Washington. Los últimos esfuerzos van además más allá de la lucha contra el narcotráfico. El sábado pasado, la policía mexicana detuvo a Alejandro Rosales Castillo, que contaba con ficha de búsqueda y orden de arresto con fines de extradición, por el homicidio en 2016 de una mujer en Carolina del Norte.