El miedo de quienes viven en zonas del país azotadas por el crimen convive con la “tranquilidad” que se esfuerza en mostrar el Gobierno tras la operación que dio con la caída del Mencho

Como un monstruo que emerge del agua y hace visible su tamaño y fuerza, los miembros del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se mostraron el domingo, horas después de que el ejército matara a su líder, Nemesio Oseguera, El Mencho, sembrando el caos en las calles de pueblos y ciudades de buena parte de México. Las imágenes de coches en llamas, negocios achicharrados y carreteras bloqueadas llenaron las redes sociales y...

la televisión. También el “¿cómo estáis?”, “eviten salir de casa”. Fue el momento de los vecinos encerrados escuchando tiroteos dispersos, la gente resguardada horas en restaurantes o en un zoo, donde los hubiera pillado el caos hasta poder escapar, los turistas atrincherados en hoteles de Puerto Vallarta.

Luego vino el silencio en las zonas más afectadas, las calles vacías, la parálisis en muchas ciudades. El miedo.

Cinco días después, la conversación pública en México ya ha empezado a virar hacia la reforma de la ley electoral y los mensajes de calma de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, de que el Mundial de fútbol sí podrá celebrarse “con todas las garantías” en Guadalajara, capital de Jalisco y una de las más afectadas por esta oleada. Este viernes, reafirmó el mensaje: “Que sepa el mundo entero que puede venir a México con tranquilidad”, y se refirió al estallido violento del domingo como “una situación especial” y dijo que ya se “ha regresado a la normalidad”. Pronunció estas palabras en Mazatlán, capital de Sinaloa, donde se vive una guerra abierta entre dos carteles, el de Los Mayos y Los Chapitos, por el control del negocio del narco, después de que uno de los grupos fuera descabezado. Sheinbaum eligió esta ciudad para dar su discurso diario y enviar una señal de presencia estatal en una zona sembrada de fosas, asesinatos y desapariciones.