El entretenimiento aporta enseñanzas tanto a niños como a adultos, además de ser un conector generacional de peso que no necesita de un espacio ni un tiempo concreto

El juego está contemplado como uno de los derechos fundamentales del ser humano y del niño, tal y como está recogido en el Artículo 31 de la Convención sobre los

s/2025-05-17/por-que-el-juego-no-debe-ser-solo-cosa-de-ninos.html" data-link-track-dtm="">Derechos del Niño de la ONU (1989) y como fue unos años antes reconocido por la Asamblea General de los Derechos de las Naciones Unidas (1959). Por lo que no se trata de una acción opcional o una concesión que los adultos otorgan a los niños, sino que su práctica debe reconocerse como una prioridad diaria, ya que se define como una herramienta de desarrollo vital que acompaña al ser humano desde el nacimiento hasta la edad adulta.

Entender su importancia implica observar cómo los espacios, las relaciones intergeneracionales y los intereses de cada uno se entrelazan para crear momentos donde poder fortalecer los vínculos y generar recuerdos.

En los hogares de hoy, muchas familias conviven en los mismos espacios, siendo la cocina o el salón áreas de estudio o comedor, a la vez que coexisten el juego o las tareas del hogar, además del descanso y la diversión. Los espacios tienen límites difuminados y se convierten en ambientes multifuncionales para ser lo que cada uno necesite en cada momento, propiciando la interacción entre la familia, donde el juego espontáneo se da en cualquier tiempo y lugar.