The Game Bakers entrega, con ‘Cairn’, un maravilloso juego de montañismo y supervivencia con un valioso corazón narrativo
Hoy toca hablar de uno de esos juegos pequeños que no pueden más que alegrar al espíritu que se topa con ellos. Se trata de Cairn, un videojuego de escalada desarrollado por el estudio francés The Game Bakers que hace realidad el sueño que Kojima tenía en el primer Death Stranding de hacer de construir un juego en torno a la mecánica del movimiento: si en el del japonés era caminar cargando paquetes, en Cairn se trata de escalar una montaña inmensa (el monte Kami) con cuidado y muy poquito a poco.
Más allá de la innegable belleza de sus paisajes y texturas, más allá de la satisfacción que da ir superando un juego que supone un auténtico reto, más allá de la alegría que da encontrarse con uno de esos juegos indie que le reconcilian a uno con el mundo creativo, hay que decir que Cairn es ante todo y sobre todo un festival mecánico. Para empezar, el movimiento básico es el ascenso y está resuelto de manera brillante: con un mismo botón movemos y fijamos cada una de nuestras extremidades (se puede escoger qué extremidad usamos, pero de forma automática movemos pierna izquierda, brazo izquierdo, brazo derecho y pierna derecha, en el sentido de las agujas del reloj) en las diferentes superficies y los gráficos, una suerte de cel shading, se deben convertir en nuestros aliados a la hora de descubrir pequeños salientes o grietas en los que reposar o ganar impulso. Esta mecánica está refinadísima, y el juego nos ayuda un poco (muy poco) para hacer orgánico el movimiento de subida. Dominar nuestra resistencia y los consumibles -tornillos de agarre, magnesio- es imperativo durante la subida, pero durante todo el trayecto debemos hacer matemáticas con la ropa, el alimento, el agua y las horas de sueño para reponer fuerzas.







