La alianza entre un joven estudio madrileño y un gigante del terror cinematográfico estadounidense produce uno de los títulos del año basado en la iconografía religiosa española

Un buen diseño de sonido es señal de un buen videojuego, y en la penumbra gótica de Crisol: Theater of Idols, a los enemigos se les oye antes de verlos. La madera pintada, repintada y semi podrida de los astillados (el enemigo básico de este juego), cruje y rechina, mientras estas tallas de madera policromada y aspecto religioso se levantan de entre las sombras para perseguir al jugador. El sonido también importa cuando de ello depende no ser hallado y despedazado por Dolores, una imponente monstruosidad de huesos y pesada armadura que parece haber salido del cruce entre la reliquia del cráneo de María Magdalena y algo del universo de Warhammer 40.000. Todo acecha en la oscuridad de Tormentosa (la isla donde sucede la historia).

David Tornero, el director creativo detrás del mundo virtual de Crisol, recuerda cómo en un paseo por Granada durante una Semana Santa vio en la iconografía del catolicismo, en los relicarios dorados que esconden los huesos de santos y en las grandes tallas de las procesiones algo que lo asustó e inspiró: “Si cobran vida estas estatuas, yo me muero aquí”, pensó. “Al final, todo ese realismo, esa policromía, esos pelos que son reales y siempre con torturas y sufrimiento... pues genera una sensación inquietante”, explica Tornero. De esa inquietud sale este juego.