La pujante industria del ocio de cartón despliega una oferta inabarcable donde el universo de Lovecraft reina como fuente de inspiración
Dicen que hay alguien matando gente. Es una noche lluviosa en pleno barrio de Carabanchel en Madrid y el grupo de 12 personas, reunidas alrededor de una mesa plagada de velas y rosas negras, parece tenerlo claro. “Miguel era bueno y si no nos damos prisa nos matarán a todos”, dice uno ante las miradas suspicaces del resto. Están inmersos en el universo de Blood on the Clocktower (Steven Medway), un popular juego de mesa (adaptación del famoso Hombres lobo de Castonegro) de terror psicológico, deducción social y roles ocu...
ltos, en el que un grupo de jugadores pretende matar al resto antes de que los descubran. En esa atmósfera de desconfianza autoimpuesta que el grupo ha fabricado un miércoles cualquiera, permanecerán dos horas más, aislados del ajetreo cotidiano de sus vidas. Una actividad que, lejos de ser una anécdota de ocio nocturno, es un síntoma más del boom que vive la industria del juego de mesa en España, que factura 150 millones de euros anuales (según datos de la consultora Circana, referente del sector) y que encuentra en el terror no solo un género popular, sino uno de sus principales motores narrativos y comerciales.







