La adaptación, a cargo del ‘youtuber’ Mark Fischbach, multiplica por seis su presupuesto en su primer fin de semana

Hablar de que la industria cinematográfica ha tomado el mundo del videojuego como nuevo gran repositorio del que sacar historia para adaptar es ya un lugar común. La lista es inmensa: The Last of Us, Arcane, The Super Mario Bros. Movie, Sonic (tres películas), Uncharted, Five Nights at Freddy’s, Gran Turismo, Halo, The Witcher, Cyberpunk: Edgerunners, Castlevania, God of War, The Legend of Zelda, Street Fighter, Borderlands, Ghost of Tsushima, Fallout, Assassin’s Creed… Con todo, lo más importante es que todos estos productos tienen una calidad muy (pero que muy) superior a las películas o series que a finales del siglo pasado y comienzos de este adaptaban videojuegos, y que unánimemente hacían una labor que, siendo generosos, podemos calificar de pocha.

Estos días es noticia Iron Lung, el juego cuya adaptación cinematográfica se ha convertido en un pequeño milagro cinematográfico. La historia del juego indie original se sitúa en un universo donde la humanidad ha sido prácticamente aniquilada por un evento del que sabemos poco y que hizo desaparecer planetas enteros. El jugador encarna a un prisionero condenado, al que le ofrecen una última oportunidad: pilotar un submarino oxidado y claustrofóbico a través de un océano de sangre situado en una luna lejana. Un pequeño sumergible con la forma de los pulmones de acero —los respiradores artificiales con los que se trataba la polio— desde el que el jugador solo puede ver el exterior a través de fotografías borrosas que topografían el paisaje submarino. En medio de esa claustrofobia, pronto descubrimos que no somos los únicos seres que habitamos ese océano sanguíneo…