El alza de los costes, las compras fallidas, los abusos laborales y el conservadurismo de los inversores provocan un reajuste de la industria

En 1972, Pong, esa simulación del ping-pong hecha con dos líneas blancas como palas y un cuadrado como pelota, demostró que los videojuegos eran un producto comercializable y muy rentable, además. En 2025, un juego existencialista francés, con estética influida por el manga y que en ocasiones parece una película y en otras un cuadro, obtendría el récord de premios en The Games Awards, uno de los eventos más importantes del sector.

-link-track-dtm="">Los videojuegos comerciales han avanzado mucho en poco más de cinco décadas, con un mercado mundial valorado en 160.680 millones de euros el año pasado, muy por encima de los 31.000 millones recaudados por el cine en el mundo.

Y, sin embargo, desde 2022 el sector del videojuego, pese a ventas récord y cifras de vértigo, se encuentra en crisis, con una tasa de paro global del 4,5% y más de 45.000 despidos en estos últimos tres años. Y no es porque las empresas no obtengan beneficios, sino porque estos no se ajustan a lo proyectado en 2021, cuando la covid 19 disparó el mercado del ocio doméstico y se vendieron más videojuegos que nunca. “El mercado está en proceso de reajuste”, explica el economista Daniel Garrido. “La pandemia no sólo hizo que la gente jugase más, sino que coincidió con que muchos bancos y fondos de inversión tenían tanto dinero que no sabían literalmente en qué gastarlo y se metieron en un mercado que no entendían, por lo que no tardaron en huir en cuanto las cifras de la pandemia volvieron a la normalidad, sin entender que el sector va a seguir creciendo”.