Un tipo que se recuperó de su alcoholismo y hoy es un conocido sumiller se dedica a recordar a la industria del vino lo mal que están haciendo las cosas en términos de salud

La provocación no siempre pasa por un desnudo inoportuno. A veces, solo tienes que hablar de un tipo que se recuperó de su alcoholismo y hoy es un conocido catador de vinos. Un testimonio como ese genera más incomodidad que una fotopolla. ¿Qué hacemos con el relato del adicto recuperado que debe renunciar a toda una vida asociada a la droga? En el campo de las adicciones estamos demasiado acostumbrados a las historias sencillas, casi pedagógicas: Fulanito tocó fondo, entró en desintoxicación y hoy es una persona nueva. Nos vuelve locos ese “antes y después”. Lo entiendo, son historias fáciles de digerir porque delimitan muy bien el peligro y ofrecen una salida conocida. La incomodidad...

se nos presenta cuando alguien se sale de ese camino.

Hace unos días entrevisté a David Seijas y eso ha provocado cierto revuelo. Seijas no es un simple aficionado dentro del sector del vino, sino uno de los sumilleres más reconocidos de su generación. Trabajó en El Bulli, acumula premios y prestigio, y durante años construyó su identidad profesional alrededor de la cata. Lo que ocurre es que también es un alcohólico recuperado, algo que él mismo ha contado con detalle en el libro Confesiones de un sommelier (Planeta Gastro, 2024). Bien, pues resulta que mi invitado tomó una decisión poco convencional cuando llevaba un año sin beber. Decidió volver a catar para poder seguir ejerciendo su oficio. Es decir, no tragaría, pero sí probaría. Una frontera que para muchos (grupo en el que me incluyo) resulta impensable. “Yo vengo de El Bulli, donde nos hacían cuestionarlo todo, y siempre he intentado tener una mirada disruptiva para poder demostrar que no hay una sola forma de salir. Igual que no hay una dieta para todo el mundo”, me dijo durante nuestra conversación.