David Victori dirige este ‘thriller’ sobre un incendio y una desaparición que gana con el cara a cara entre Belén Cuesta y Enric Auquer

El paisaje de este thriller psicológico de Netflix dirigido por David Victori (No matarás) es un bosque acechado por un incendio. La primera imagen de Cortafuego es explícita: una chispa que salta desde una torre de electricidad a unas hojas secas. Unos rótulos nos recuerdan el significado de la palabra “cortafuegos” y los cansinos e impersonales planos aéreos que tanto gustan en el audiovisual contemporáneo harán el resto hasta que el espectador aterriza en el lugar de los hechos: una bon...

ita casa de estilo moderno en medio del bosque.

A la casa llega una familia. Una familia rota que visita el lugar por última vez. El lugar está en un rincón solitario, pero la vivienda tiene un vecino casi puerta con puerta. Luce pinta de bueno y de ermitaño. Lo interpreta Enric Auquer y trabaja de guarda forestal de la zona. La protagonista es una mujer (Belén Cuesta) que odia ese lugar, y a partir de ahí el fuego que acecha el bosque tendrá su reflejo en el tormento que sufre ella. Su furia tiene cierta lógica; pronto se sabrá por qué.

Cortafuego no es una historia de catástrofes naturales y supervivencia, es más bien una pesadilla que se desata cuando la hija de la protagonista desaparece en el bosque. Todo lo que ocurre a partir de ahí juega a un doble infierno, el interior y el exterior. La película se torna oscura e impredecible. Son los mejores momentos de un thriller que nos hace dudar sobre la enajenación de una madre que ha perdido a su hija y sobre las evidencias que rodean esa desaparición.