Los primeros 10 minutos de Los sin nombre, la serie que estrena Movistar+ el jueves 26, marcan bien el tono: un accidente, una resurrección, una niña milagro, atmósferas tenues, lluvia y misterio. Los creadores Pau Freixas y Pol Cortecans sabían con qué material jugaban: hay una buena y atmosférica película dirigida por Jaume Balagueró (1999) y un libro (de Ramsey Campbell) en el que se basan ambas historias audiovisuales, pero ellos jugaban a ir más allá, no tendría sentido otra cosa.

Ángela, una niña con un extraño poder, desaparece después de revivir a una mujer y que se viera por televisión (no hay problemas con los destripes, les estoy contando el primer cuarto de hora). Un policía maldito, Javier Salazar (Rodrigo de la Serna), se obsesiona con el caso. Su caída en los infiernos del insomnio, la adicción y la culpa están bien narrados, pero no hay que olvidar que, en última instancia, Los sin nombre no es una serie policial. O no solo. Y por eso se le pueden perdonar ciertas cosas (un dato clave se obtiene de una farmacia que guarda los registros de vídeo de sus clientes durante años, un expolicía que guarda en su casa cajas llenas de archivos de casos antiguos, un preso que se entrevista con la madre de su víctima sin un mísero agente en la habitación, etc.), pero entonces tiene que tener algo más. ¿Es el caso?