La caza es una serie de fórmula, sin que esto quiera decir nada a favor ni en contra. La cuarta temporada de esta ficción televisiva creada por el escritor y guionista Agustín Martínez (un tercio de Carmen Mola) se desarrolla en Irati, Navarra, un paraje espectacular de más de 2.000 hectáreas con su pequeño pueblo aledaño. Y ahí están dos de los ingredientes de la fórmula mágica: un lugar sobrecogedor por su belleza (como ocurría en las anteriores temporadas con el Valle del Benasque, Mallorca y Sanlúcar de Guadiana) y un pueblo pequeño cuya sociedad, sus miserias y sus secretos, serán parte esencial de la trama. Queda un aspecto para completar la fórmula: tensión, misterio, capítulos que terminan en alto, el abecedario del género criminal en su versión más espectacular.

La caza. Irati (disponibles ya los ocho capítulos en Movistar Plus+) tiene varias virtudes a señalar. Por un lado, se integra muy bien en la sucesión de temporadas y al espectador ya acostumbrado le suenan ciertos comentarios de los personajes deslizados con acierto, sin que esto moleste a quien aterrice por primera vez en esta ficción. Además, tiene un buen trío protagonista. Una sólida Megan Montaner interpreta a Sara Campos, la constante de las cuatro temporadas y el rostro de la serie; la acompaña Félix Gómez como el teniente Ernesto Selva, un soplo de aire fresco en la anterior entrega y que sigue formando el anclaje de la serie con el policial más puro; el plantel lo completa Silvia Alonso, que llena con solvencia el traje de la capitana de la UCO Gloria Mencía. Además, como en otras temporadas, los personajes del pueblo toman cierta relevancia según el momento y entre ellos destaca Roger Casamajor, como el padre de un chaval desparecido, correcto incluso en los excesos impuestos a su personaje